Asociación de Memoria Histórica de la Provincia de Huelva

Alfonso Morón de la Corte. Un masón onubense (1880 – 1936)

Tras la ocupación de Huelva por los golpistas el 29 de julio de 1936 y por orden del Gobernador militar de Huelva, Gregorio Haro Lumbreras, se efectúa la primera redada de masones en esa ciudad el 29 de septiembre de 1936, con el resultado de 16 detenciones y saqueos de los domicilios. Uno de ellos, el que es considerado “el Gran Maestre de la masonería onubense”, Alfonso Morón de la Corte, mi abuelo, es asesinado al día siguiente en las tapias del cementerio de Huelva junto a otros 15 masones, tras haber sido torturado para intentar obtener más nombres de los que para ellos representaban el mayor peligro en su camino de muerte y destrucción de las libertades y el pensamiento crítico.

Nacido 56 años antes en Huelva capital, Alfonso Morón fue desde su juventud una persona comprometida, culta, y plena de inquietudes. No conozco nada de su infancia y, de su juventud, han quedado documentos que me acercan a una persona activa, inquieta, comprometida con las causas sociales y con el progreso. Mis padres me transmitieron que era una persona muy querida en Huelva. Casado con mi abuela, Rocío Bellerín González, tuvo cinco hijos de los cuales Alfonso, el mayor, era mi padre. Detrás de él nacieron Concha, Manuel, Matilde y Adolfo.

Sus hijos: Alfonso, Conchita, Manuel, Adolfo y Matilde
Con su madre, Manuela, su hermana Pepa y su mujer, Rocío

Periodista y escritor, fue funcionario del Ayuntamiento onubense, donde trabajó como Oficial Mayor de Intervención durante casi 25 años. Escribió junto al Archivero Municipal Fernando Martínez Benito la “Guía Oficial de Huelva de 1917” que aun hoy se conserva como libro de consulta en la biblioteca de la Facultad de Geografía e Historia de Sevilla.

Fue cesado en su puesto el 18 de agosto de 1936, cuando empezaron a efectuarse las purgas en las instituciones.

Republicano de convicción, tuvo una gran participación política. Primero en el Partido Republicano Radical y, tras su escisión en 1934, en la Unión Republicana, fundada por su gran amigo Diego Martínez Barrio, quien sería el presidente de la República en el exilio. Su notorio activismo le lleva a ser presidente provincial de la Liga de los Derechos del Hombre y cabeza visible de la Unión Republicana en la provincia de Huelva de cara a las elecciones de febrero de 1936, las que ganaría el Frente Popular.

Del corto periodo de vigencia del gobierno del Frente Popular se conservan varias cartas entre él y Martínez Barrio. Fue Cónsul honorario de Méjico en Huelva.
Uno de los lazos que estrechaba aquella amistad fue sin duda el vínculo que ambos compartían por ser miembros destacados de la masonería andaluza. Filiación, que indudablemente, fue una de las razones principales del asesinato de Alfonso Morón de la Corte; aparte de su significación política y su militancia como librepensador de tendencia progresista.

Su ingreso en la masonería onubense se materializó en 1917, a sus 37 años, al entrar a formar parte de la Logia Isis y Osiris 377. Posteriormente pasó por la Logia Soto Vázquez y funda la Logia Minerva, de la que en numerosas ocasiones es Venerable Maestro y cuya representación ante las Asambleas de la Regional del Mediodía ostenta entre 1924 y 1931.

Con otros hermanos de la Logia Soto Vázquez. El nº 4

Es la época del apogeo masónico vivido durante la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, y, de hecho, es detenido entonces (1925) en Ayamonte, junto a su “buen amigo” Martínez Barrio y otros destacados masones de la provincia. Mi abuelo perteneció al Grande Oriente Español y fue nombrado en Huelva delegado del Gran Maestre, con el grado 30, aquel 1925. Su nombre simbólico fue el de Saint-Just, en homenaje al revolucionario jacobino francés, lo que significativamente ilustra sus ideas en defensa del progreso y de los socialmente más desfavorecidos.   

Para la España reaccionaria que apoyó el golpe del ejército sublevado y para los propios militares en rebelión, la masonería constituyó una especie de chivo expiatorio al que se culpó de todos los males de la nación. Masón sería, desde el principio de la sublevación, todo aquel que no era considerado afecto al llamado Glorioso Movimiento Nacional. No se tuvo en cuenta que la masonería, en realidad minoritaria, no fue un poder fáctico como creyeron sus verdugos, y ni siquiera un granero de políticos de izquierda, ya que, como dice Francisco Espinosa, “Ni todos los que profesaba ciertas ideas de carácter progresista eran masones ni todos los masones profesaban las mismas ideas”.

Hubo incluso masones que políticamente fueron Republicanos de derechas (del Partido Republicano Radical), contrarios al Frente Popular. En cualquier caso, para la ultraderecha y para la iglesia católica, la masonería representaba un lobby de influencias con capacidad de exponer y desarrollar libremente sus ideas, un privilegio que sólo ellos –así pensaba la España tradicional– podían disfrutar y que no estaba dispuesto a seguir permitiendo a los republicanos.

El 29 de septiembre del 1936, Alfonso Morón, acusado por el coadjutor de la parroquia de la Concepción, Luís Calderón Tejero, y colaborador de los golpistas, es detenido y su casa saqueada. Sus libros y documentos son destruidos y al día siguiente es asesinado y enterrado en la fosa común del cementerio municipal onubense. Según las listas que ofrecen Francisco Espinosa en «La Guerra Civil en Huelva», este alto funcionario municipal, periodista y escritor es la única persona que figura como fallecido el 30 de septiembre de 1936 en el Registro Civil. Lo que nunca se sabrá es si la profesión de “Jornalero” que allí figura «se debió a la dejadez o a la insidia de sus verdugos” (Jesús Chacón. Libro «Memoria Viva de Andalucía», editado por la Junta de Andalucía en 2011)

En 1942 se le instruye juicio sumarísimo 1229/42 por la Fiscalía del Tribunal Especial, para la represión de la Masonería y el Comunismo, Juzgado número 1.

En febrero de 1943, el fiscal ordena el sobreseimiento de la Causa por haber fallecido el encartado. 


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