Asociación de Memoria Histórica de la Provincia de Huelva

El terror aéreo sobre la Cuenca Minera de Riotinto

Perteneciente al trabajo realizado en el año 2015 por el historiador Miguel Ángel Collado Aguilar, se plasman a continuación diversos párrafos de su contenido:

El terror aéreo sobre la Cuenca Minera de Riotinto del 20 al 26 de agosto de 1936

La Cuenca Minera de Riotinto, ubicada en el nordeste de la provincia de Huelva y atravesada por la faja pirítica de Sierra Morena, ha estado caracterizada por su dependencia de la minería urante todo el s. XX. No en vano, podríamos decir que la adquisición del terreno y los derechos mineros por parte de la Rio Tinto Company Limited (RTCL) introdujo de lleno a la Cuenca Minera en el sistema-mundo y a sus habitantes en la contemporaneidad. Es decir, la Compañía, mediante la modernización de la industria extractiva y la construcción del ferrocarril que comunicaba la zona con el puerto de Huelva para la exportación del mineral, situó en el centro de la vida comarcal a las minas e impuso unas nuevas relaciones de producción de carácter colonial y basadas en una productividad hasta entonces desconocida en el suroeste peninsular. Ello comportó un rechazo inicial por parte de las oligarquías agrarias tradicionales y los trabajadores de la RTCL, que se unieron contra el enemigo común y desarrollaron unas movilizaciones que desembocarían el l4 de febrero de 1888 en la matanza conocida con el sobrenombre del Año de los tiros.

Ya durante el primer bienio de la II República, la Cuenca Minera de Riotinto se mantendrá en un estado de calma tensa que sólo se romperá cuando el PSOE sea desplazado del poder estatal y los mineros empiecen a luchar de forma organizada contra la RTCL. Esta venía aplicando una política de contención de gastos que desembocaría después de la Huelga General Revolucionaria de octubre de 1934 en unos despidos masivos que avivaron la llama de la contestación social. La situación será todavía más tensa después de la victoria del Frente Popular, cuando se inicie un periodo de huelgas que sólo terminará con el golpe de estado del 18 de julio. Por tanto, en los últimos momentos de la II República la mayoría de la sociedad de la Cuenca Minera estaba impregnada por las culturas políticas de las organizaciones obreras, especialmente por las socialistas. Esta circunstancia hizo que la comarca se convirtiera en un icono de las izquierdas y, por ende, motivó a los golpistas del 18 de julio a cebarse en la represión.

Pero previamente, la mitificación de la sociedad minera de Riotinto había propiciado la preparación de una operación militar en la que intervinieron tres columnas, que iniciaron un cerco después de la caída de Badajoz el 14 de agosto de 1936, y de que los frentes del norte y el sur se unieran a través de la carretera Sevilla-Mérida. Esto impuso la necesidad de someter a las bolsas leales que pudieran hostilizar a quienes transitaban por aquella vía. Para
hacerlo, ese mismo 14 de agosto partió una columna desde Sevilla y tomó el norte de la provincia para situarse en Aracena, a las puertas de la Cuenca Minera de Riotinto. Otra partió desde la misma ciudad al día siguiente y cercó a la comarca por el sureste, tomando varios municipios sevillanos y situándose en El Madroño, a poco menos de diez kilómetros de Nerva. Por el sur, los sublevados llevaban estacionados en Valverde del Camino, a menos de veinte kilómetros de Zalamea la Real, desde el 29 de julio, cuando la caída de Huelva provocó la de toda el área meridional de la provincia. Concretamente, los días 25 y 26 de agosto fueron los designados para la acción terrestre, antes de esto la aviación del Aeródromo de Tablada efectuó los bombardeos que analizamos en el presente artículo.

El terror viene del cielo: los efectos psíquicos de los bombardeos aéreos sobre la población de la Cuenca Minera de Riotinto.

Membrillo Bajo

Luís Caballero, huido de Aznalcollar cuando tenía 17 años, contaba así su experiencia con los aviones de Tablada:

Salimos entre un grupo grande formado por hombres mujeres y niños… lo que quedaba de tarde, ya sin sol, lo aprovechó el siniestro avión para ametrallarnos en pleno descampado. Cada cual buscaba la forma de ocultarse, aunque en realidad poco era lo que nos podría proteger de las balas corriendo por el monte.

Su grupo consiguió llegar hasta El Madroño y desde allí veían pasar los aviones que dejaron caer sus bombas sobre la población minera:

[…] Adaptando el pie herido (se clavó un pincho de jara) a las exigencias del camino ante la evidente necesidad de seguir en fila india tras los demás. En la aldea del Álamo me curaron con un poco de alcohol para así llegar hasta el Madroño, donde nada más entrar en la primera calle nos tiramos todos en una acera empedrada, y aún recuerdo el sudor de mi padre bañando los chinos bajo su cuerpo destrozado de tantas leguas andadas bajo el sol de agosto. Unas mujeres nos trajeron agua para beber, preocupadas y tristes mientras nosotros guardábamos el tenso silencio de los animales acosados… aguantamos unos días repartidos entre familias con las que compartíamos la comida que empezaba a acabarse. De noche dormíamos en una era y de día a ver pasar el bendecido avión de las bombas y la ametralladora, santo cruzado dispuesto a hacer entrar en razón a la infiel, pecadora y perversa Nerva.

En cuanto a los bombardeos propiamente dichos hay que decir que quedaron fijados en la memoria de quienes los padecieron, lo que podría ser indicativo del terror que suscitaban. Veamos cómo dos habitantes de Salvochea recuerdan el primero de ellos, que necesariamente fue el que causó mayor impacto porque la población estaba desprevenida, algo que tendremos ocasión de ver en ambos casos. Después de esto, los salvocheanos empezarán a abandonar el pueblo y a refugiarse en los túneles, tal como recogen los testimonios que hemos escogido:

Yo tenía unos cinco años cuando estalló la guerra. Tuve una bronquitis y un médico, D. Juan Fonterla, me estuvo reconociendo. Como tenía las vías respiratorias muy afectadas, me recomendó aire puro. Un [sic] muchachita que tenía los mismos síntomas que yo me llevaba al campo para que yo respirara aire puro y había un pinar y un buen día, estando allí, vimos un avión –que era algo rarísimo, porque no se veían aviones comerciales como ahora– y nos dimos cuenta que tiraban unos papeles (octavillas) y me acuerdo perfectamente. Eran unos papeles de incitación a los pueblos, que la muchacha que llevaba me leyó, se asustó mucho, y quiso que nos fuéramos de allí.
Al llegar a casa se formó el revuelo y las vecinas de mi madre estaban comentando: «Han matado a fulanita, que estaba dando el pecho al niño», y me parece que decían “La Frasquita”. Y yo me di cuenta de lo que era eso y mi cabeza empezó a funcionar.

El terror aéreo como forma de violencia política.

Membrillo Bajo

En otro orden de cosas, cabría preguntarnos acerca de las posibles razones para llevar a cobo un hostigamiento aéreo que duró seis días. Al respecto, podríamos pensar que lo que los alzados contra la República pretendieron con el terror aéreo no era otra cosa que doblegar una resistencia que estimarían mayor de lo que realmente fue antes de la llegada de la infantería. Sin embargo, sabían perfectamente a qué se enfrentaban porque una representación del Staff de la RTCL se había reunido en Sevilla con Queipo de Llano, «quien al conocer su llegada deseaba verlos para que le enterasen de la situación en las minas», todo ello unos días antes del inicio del ataque aéreo. Por si fuera poco, además de la entrevista a que nos hemos referido en el párrafo anterior, los golpistas tenían varias experiencias de combate contra los mineros de Riotinto que habían terminado, invariablemente, con la desbandada de los segundos después de haber recibido algunos disparos.
Para comprender hasta qué punto tenían conocimiento del enemigo al que se enfrentaban, podría resultar ilustrativo parafrasear las instrucciones del 12 de agosto elaboradas por Francisco Martín Moreno, Coronel Jefe del Estado Mayor de la Segunda División. En ellas se muestra a la perfección el grado de conocimiento que tenían acerca de las milicias y, sobre todo, los efectos que tenía la intimidación sobre ellas:

La calidad del enemigo que tenemos delante, sin disciplina ni preparación militar, carente de mandos ilustrados y escasos de armamentos y municiones en general por falta de Estados Mayores y organización de servicios, hace que los combates que nos veamos obligados a sostener las resistencias sean generalmente débiles y que confíen solo a la fortaleza de las posiciones y a la acción de la Aviación y concentración de la artillería el batir a las columnas. Nuestra superioridad en armamento y hábil utilización del mismo nos permite el alcanzar con contadas bajas los objetivos; la influencia moral del cañón mortero o tiro ajustado de ametralladoras es enorme sobre el que no lo posee o no sabe sacarle rendimiento. [Había que ahorrar munición pues] muchas veces basta la intimidación y un cañonazo en puertas o ventanas para que cesen las resistencias.
[Por tanto, para tomar un pueblo había que] aislarlo y la labor metódica de bombardeo, quema, agujeros en las paredes, etc. darán resuelto el problema sin apenas bajas. Al enemigo no conviene acorralarlo sino dejarle abierta una salida para batirle en ella con armas automáticas emboscadas.
[Una vez tomado el pueblo] es indispensable mantener al soldado en la mano sin permitir que se desperdigue ni cometa desmanes bajo severas penas.

El alcance físico de las bombas.

En cuanto al alcance de las bombas, más allá de los diecinueve muertos que produjeron en Nerva, La Atalaya y Salvochea, el terror y los daños sufridos en El Círculo La Unión y el Teatro Victoria, ambos en Nerva,47 la Cuenca Minera de Riotinto fue bombardeada en diversas ocasones: el día 20, Salvochea y Nerva, con el desarrollo y los resultados que ya hemos visto; el 21, cuando un aeroplano sobrevoló La Atalaya dejando caer 4 o 5 bombas dejando un saldo de dos muertos y un herido;49 y, también, el sábado 22, tal y como queda reflejado en el testimonio de Hill:

Dos ataques esta mañana. Uno a las 9 am. En una línea recta desde [El] Campillo al Pozo Guillermo, una bomba cayendo cerca de la oficina de [La] Atalaya y estallando sobre una tubería de agua. Se me ocurrió estar allí con Gamir y nos protegimos en el túnel Nº 1. Justo cuando salía para mi ronda a las 11, hubo otra alarma y un gran pájaro flotó sobre [La] Dehesa y dejó caer cuatro o cinco en esa dirección. Entonces vino sobre [La] Atalaya y dejó caer
un par cerca del viejo hospital. No hay bajas pero cayeron algunos cables de teléfono. ¡Nati y Teresa se refugiaron en el sótano de la Casa Grande.

Trabajo realizado por Miguel Ángel Collado Aguilar. Universidad de Huelva, año 2015. Enlace para consulta aquí

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.