Asociación de Memoria Histórica de la Provincia de Huelva

José Gavino Cruz

En mi casa, como en la mayoría de represaliados, no se hablaba de ese tema. Lo único que sabía es que a mi abuelo lo habían matado durante la guerra, ¿qué guerra?, si aquí no hubo guerra.
Recuerdo que estando en primero de BUP tenía como profesor de religión a D. Francisco Girón y, no sé cómo salió el tema, me confirmó que mi abuelo estaba en el cementerio de Huelva. En aquella época pregunté por él a varios vecinos de su edad, ya que mi abuela falleció siendo yo muy niña, y todos me dijeron que era una persona buena, honrada y trabajadora.

Cuando al final de la primera jornada nos quedamos hablando con Miguel Ángel Harriero y nos informó que había expedientes militares a los que podíamos acceder y que en los archivos municipales había mucha documentación por investigar, nos pusimos manos a la obra. Empecé por buscar el expediente militar de mi abuelo y allí estaba. Me lo descargué y empecé a leerlo con mucho interés a la vez que notaba el daño que sentía con su lectura. El expediente consta de 49 páginas y en él se incluye todo, desde la declaración del falangista que lo acusa, los testigos sacados de la manga, declaración del cura, juicio, declaración de mi abuelo, sentencia, dónde fue asesinado y el lugar exacto donde arrojan su cuerpo. Quiero leeros la primera acusación contra mi abuelo que aparece en el atestado de la Guardia Civil de Beas, que lo llevó a la cárcel y que posteriormente le costó la vida:

“Atestado en la Comandancia Militar de Beas por hacer manifestaciones contrarias al Movimiento Nacional (13-11-1936). En él se hace constar que sobre las veintiuna horas de dicho día se presenta el vecino de Beas, afiliado a Falange Española, Señor X, manifestando que hacía unos veinte días, encontrándose trabajando en el paraje conocido como “Casa de la olla”, en compañía de José Gavino Cruz, Maximiliano Ruiz y Manuel Caballero, a la hora del almuerzo se hablaba del Movimiento Salvador de España y de hechos cometidos por los rojos, manifestando el declarante [EL FALANGISTA] que había escuchado que daban pasaportes para poder ir a Madrid y ante esta noticia José Gavino Cruz con energía y alegría manifestó que él iría a pedir dicho pasaporte de buena gana, pero que sería detenido por ser de izquierdas”.

¿Creéis que esto es motivo para encarcelar y asesinar a una persona? ¿Tan poco valor tenía la vida humana? Mi abuelo no solo perdió su vida de manera injusta en aquellos días, sino que dejó tras de sí una familia, a su mujer y a sus 4 hijos: José con 9 años, Sebastián con 7 años, Jerónimo con 5 años y Paco con 9 meses, que desde ese momento en adelante tendrían que sobrevivir solos en una España en la que la miseria y el hambre estaban a la orden del día. No es justo que mi padre, Sebastián, un niño con 7 años tuviera que estar trabajando, descalzo, en el campo guardando cochinos; que les robaran la infancia, que no pudieran ir a la escuela, que no pudieran compartir unas Navidades, que no estuviera en sus bodas… En fin, les quitaron tanto…

Al terminar de leer el expediente sentí rabia porque mi abuelo había pasado de ser una buena persona a ser un delincuente. Después de leerlo otra vez, más detenidamente, me puse a pensar en lo que Miguel Ángel me había dicho: “Ahí no van a poner cosas buenas, tienen que justificar un asesinato”. Por lo que he podido conocer acerca de la vida de mi abuelo creo que lleva razón. Mi abuelo no era ningún delincuente, solo una víctima más de un régimen que falseó la historia para poder legitimarse.

Una semana después de esto aparecieron en casa de mi abuelo dos falangistas, fusiles en mano, y se lo llevaron. Me cuenta mi tío que mi abuelo estaba sentado en una mecedora en la salita con mi padre y con él. Mi padre se agarró a su pierna para intentar evitar que se lo llevaran, pero lo apartaron y se lo llevaron a la cárcel de Huelva.

Probablemente no vieron motivos suficientes para matarlo con esos hechos, y, como hasta los monstruos tienen que justificarse con ellos mismos para poder dormir por las noches, lo acusaron de ser uno de los que rompieron el retablo del altar mayor de la iglesia de Beas, unos hechos que ocurrieron cuatro meses antes y en los que hasta ese momento no había sido involucrado. Cuanto menos curioso, ¿no? El cura dice que él no lo vio, y mi abuelo en su declaración en la prisión de Huelva, dice que venía de trabajar y que al pasar por la plaza escuchó que habían entrado a romper la Iglesia, que entró para ver lo ocurrido y con las mismas se fue a su casa. Y para no variar, había un nuevo testigo de la Falange que lo vio salir sudoroso de la Iglesia. Para mí esos testigos no tienen validez ninguna; cuando estuvimos mirando las Actas Capitulares nos encontramos con esto: “Designar para testigos en los expedientes a…”

En septiembre del 37, 11 meses después, se celebra el consejo de guerra y se le acusa de rebelión militar y se le sentencia a la pena de muerte, sentencia que se niega a firmar por no ser verdad lo que en ella se expone y que en Beas se le “pidió” que firmara sin haberle dado lectura a su declaración.
El acta de ejecución dice así:

“Personado el Secretario del Consejo de Guerra en el lugar designado para la ejecución de la sentencia, hace constar que a las 6 y media horas del día de la fecha se ha ejecutado la pena de muerte en la persona del condenado paisano José Gavino Cruz, siendo el reo pasado por las armas. La ejecución ha tenido lugar en el sitio denominado La Soledad en las inmediaciones del Cementerio Municipal.
Hecha la descarga por el piquete de once números de la Guardia Civil mandado por un cabo del mismo cuerpo.
Se extiende la presente diligencia para hacer constar que le cadáver del paisano José Gavino Cruz ha sido inhumado en el Cementerio de esta Capital en fosa común del Patio tercero del Sector San Marcos y lugar que dista de la rosca de dicho Patio por la parte del Norte 47 metros, por el Sur 36 metros, por el Este 3 metros y por el oeste 6 metros”.
Mi tío también me contó que a los presos se los llevaban a trabajar fuera y que cuando estuvo trabajando en Moguer, haciendo una calle, mi abuela tuvo la oportunidad de ir allí con sus hijos para verlo por última vez. Sé que le escribió una carta preciosa de despedida a mi abuela, pero como estaba escrita a lápiz se borró con el paso de los años y se perdió para siempre.

Después mi abuelo fue asesinado, aunque la palabra suene fuerte, y no sólo por los que dispararon sobre él, sino por aquellas personas que campaban a su antojo y se permitían la terrible empresa de decidir quién tenía que morir, agarrándose a unas acusaciones que no tenían fundamentos ni argumentos fehacientes que se mantengan en un tribunal en el que de verdad se haga justicia.

Intento ponerme en su lugar, una persona que no había hecho nada malo y que sabía que lo iban a matar, la situación que dejaba a su mujer, a la que ya le habían asesinado a un hermano con 39 años, Ildefonso Valenciano Rodríguez, una persona que no volvería a ver a su mujer y que no tendría la oportunidad de ver crecer a sus hijos.
Y después llegó la represión contra mujeres e hijos de las víctimas. Por eso quiero hacer desde aquí un homenaje a mi abuela, Encarnación Valenciano Rodríguez, mujer luchadora como la que más, que sacó ella sola adelante a sus cuatro hijos.

Mi padre me contaba que él acompañaba a su madre e iban andando a Valverde a por comida y que después al llegar a Beas se la quitaban. Tampoco era fácil para los hijos quitarse el estigma de ser el hijo de un “rojo”; mi tío también me contó que tanto a ellos como a su primo Francisco (hijo de Ildefonso Valenciano) nadie les daba trabajo hasta que alguien se vio muy necesitado y los contrató.

También la admiro porque rechazó cualquier tipo de ayuda a cambio de firmar que el fallecimiento de su marido había sido de muerte natural. Vinieron varias veces, primero para darle una ayuda de orfandad y después para librar a sus hijos de la mili, pero ella siempre les dijo: “yo no firmo nada, a mi marido lo han matao”.

La semana pasada visitamos el Cementerio “La Soledad” de Huelva y es espeluznante toda la superficie que hay de fosas comunes, creo que si las unimos todas es como un campo de fútbol lleno de cadáveres. Pude averiguar casi el lugar exacto donde estaban los restos de mi abuelo, qué pena… Mi abuela y mi padre fallecieron sin saber dónde estaban sus restos.

En este último año he descubierto, bueno, hemos descubierto mucho sobre nuestros familiares y vecinos asesinados, ha sido un año de emociones muy fuertes.

Bueno, para terminar ya mi intervención quiero decir una frase: “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Por esto, creo que es muy importante el trabajo que se está realizando por parte del Grupo de Memoria Histórica de Beas. Sólo pretendemos devolverles la dignidad a los asesinados y a sus familias, justicia y contar la verdad histórica.
Estamos hablando de personas que fueron asesinadas, encarceladas, humilladas y que a día de hoy los familiares directos siguen teniendo miedo, siguen viviendo de alguna manera la represión franquista.

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