Asociación de Memoria Histórica de la Provincia de Huelva

María González Cruz

Cuándo mi padre y yo decidimos recabar datos sobre su madre y su familia, nos encontramos, que no se localizaba nada de ella en el Ayuntamiento, no aparecía con el resto de sus hermanos y hermanas en los datos de sus padres. No localizamos su partida de nacimiento, ni de defunción, no aparecía como madre de mi padre, en su partida de nacimiento aparecía como hijo de su tía Francisca. Era como si no hubiera existido. ¡¡Silencio y dolor!!

Por casualidad apareció su nombre un día en una página de Internet, me llevé una gran sorpresa. Alguien había escrito sobre su expediente carcelario. Me puse en contacto con Juan José Antequera Luengo, autor de «Expedientes carcelarios de Escacena, Beas y El Granado», él me pone en conocimiento, que los expedientes están en Diputación y que podía acceder a ellos. También me indica, que mi abuela debe estar enterrada en el Cementerio de la Soledad en Huelva. Hasta ese momento, no sabíamos nada, de dónde estaban sus restos.

aco el expediente carcelario de mi abuela y descubro, con mucho dolor, todo lo que rodeó, su detención, su encarcelamiento, su consejo de guerra y su fallecimiento. También me pongo en contacto con el Cementerio de Huelva y teniendo ya la fecha de fallecimiento, descubrimos que ese mismo día y con sus mismos apellidos habían sepultado a un hombre llamado Mario. Quedó claro, que era una errata en la última vocal, debió extrañar que fuera una mujer.

El año pasado, cuándo vengo a las jornadas de Memoria Histórica y leo la lista de las personas de Beas asesinadas o desaparecidas, a consecuencia de la guerra civil, decido hablar con Miguel Ángel y Fernando, para que el nombre de mi abuela también aparezca, ella fue la única mujer de las que se tiene conocimiento en Beas, que pierde la vida como consecuencia de la ruptura de la libertad, la concordia y el respeto, que rodeó aquellos años de la historia de Beas, y de España en general.

Cierro los ojos y te veo, tan pequeño, tan desprotegido en aquella fría celda de la cárcel, con el único calor de los brazos de tu madre y siento tu dolor cuándo te despojan de ella. Puedo notar la desesperación de tu madre ante la impotencia de no poder protegerte, de no poder ofrecerte lo mejor de ella, porque no tenía nada.
Debió ser tan duro saberse inocente y no poder demostrarlo. ¿Fué su delito ser madre soltera?
¿O cómo aparece en los archivos, haber entrado en la Iglesia en el momento equivocado?

Lo que me contaron de ella, para nada cuadra con el delito de «Rebelión Militar» que la llevaron a la condena de veinte años y un día de prisión, quedando en 12 años y un día. Condena que no cumplió , porque murió en aquella cárcel ante de los dos años de encarcelamiento. ¿Dónde y cuándo murió? Hay dos versiones distintas, los archivos recogen de su celadora, y el médico de la cárcel, que muere en la celda de » tuberculosis pulmonar», su compañera de celda, contó a sus familiares que se la llevaron de la celda y no volvió más. Cómo quiera que fuese, allí perdió su vida.

-¡Tu abuela era más buena que el pan, hija! . Ese es el testimonio de Manuela (la Ranita) que guardo como oro en paño en un audio en los últimos años de su vida. Alegre, graciosa, cariñosa, enemiga de las riñas, fraternal con sus amigas, siempre mediando para que no hubiera disputas, alejada de la política, de la cultura y de la iglesia, por su condición de pobreza, por haberse educado en el campo alejada de la educación de la escuela. Me entristecí cuándo en los expedientes vi su firma con la huella digital, ni tan siquiera sabía poner su nombre.
Cómo una mujer así, puede ser acusada de Rebelión Militar, por entrar en la Iglesia para comprobar lo que pasaba.

Según su testimonio, ella estaba en la plaza, esperando el camión del pescado con otra amiga, Francisca Luceño, al escuchar tanto alboroto en la Iglesia, las dos se acercaron por curiosidad y vieron cómo unos hombres que no conocían, pedían las llaves del sagrario al señor cura, ella dice que ni siquiera sabía lo que era el sagrario porque no frecuentaba la Iglesia por estar siempre en el campo.
Ese fue su delito. Mi padre tenía 4 meses y ella lo llevaba en brazos, solo tenía 21 año, para mí ahora, una niña. Una niña inocente, sin experiencia ni maldad, sólo así se explica, que en vez de alejarse de aquel alboroto, se acercará a ver que pasaba. Supongo que no tendría miedo, porque desconocía la movida política del momento. Lo cierto, que aquella decisión cambió el rumbo de su vida y con ella la de mi padre.

Y en este punto quiero hacer mención a mi tía Francisca González Cruz, hermana de mi abuela, encarcelada con ella y la que después se haría cargo de mi padre, por deseo expreso de su hermana. Ella, mi tía, tuvo que humillarse, para conseguir salir de prisión y atender a mi padre y a sus dos hijos, Antonia y Fernando, que eran también huérfanos de padre, fusilado en agosto de 1936.

Me ha impactado en general cada una de las páginas de su expediente, pero hay palabras muy duras, como emplear «tengo el honor de comunicarle el fallecimiento de la reclusa María González Cruz», como si fuera un acontecimiento esperado y merecido.
Necesito, que todo esto se conozca, para que deje de ser un dato, una persona más en una lista olvidada.
Ella es María González Cruz, mi abuela, la madre de mi padre, ella fue una víctima inocente de la injusticia.

Dibujo realizado con minucioso trabajo tras contrastar parecidos

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.